-Marx cambia por completo mi visión del mundo- me ha declarado esta mañana el niño de los Pllières, que no suele dirigirme nunca la palabra.
No le di gran importancia, pero al dirigirme a la puerta de entrada del piso para salir a hacer las compras, me pregunté si un niño de su edad era realmente capaz de entenderlo.
Así, me sumergí en mis pensamientos y quizá sea esta la razón por la cual no me fijé en que estaban pasando cosas extrañas en la calle.
Fue cuando estaba en la puerta del supermercado, que un hombre pálido, con los ojos rojos y lleno de sangre vino corriendo hacia mi, chillando. Me asusté cuando me di cuenta de que quería atacarme. Reaccioné, me fui corriendo al interior del supermercado pidiendo ayuda y fue entonces que me di la vuelta y vi que el hombre se había lanzado encima de una joven mujer que estaba chillando: la había mordido en el hombro y entonces estaba masticando el pedazo de carne que le había arrancado. Perpleja, empecé a mirar a mi alrededor y vi que las personas estaban luchando con otras que ya no parecían ser humanos. Había cadáveres por el suelo.
Asustada, fui corriendo al lavabo y cerré las dos puertas.
Estoy encerrada en una de las cabinas, no sé cuantas horas llevo aquí dentro, pero los golpes que oigo en la puerta son cada vez más fuertes e violentos. Me quieren y sé que lo que me espera no es nada bueno. Consiguen romper la puerta y abren una cabina tras otra, buscándome. Encuentran la mía, la consiguen abrir y se lanzan sobre mi, desesperados para calmar su hambre…
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